No trabajo en el mundo de la noche, pero la noche me confunde más que al propio Dinio. Tampoco trabajo en festivos, pero su existencia me regala más de un dolor de cabeza. Por suerte no tengo que hacer guardias, pero pensar en ellas me altera el ciclo del sueño como si las hiciera.

¿El motivo? Soy consultor (sí, lo sé, pero, al menos, ¡no mato gatitos!) y me veo en la obligación de definir, ayudado por mis clientes, cómo se calculan los diversos conceptos variables de nómina, los famosos “pluses”.

Antes de sumergirme en las profundidades de los conceptos variables de nómina, me las prometía muy felices. Al fin y al cabo, si hay que calcular un “plus nocturno”, y salvo seas Dinio, la cosa no puede tener ningún misterio, ¿no? ¡Craso error! De entrada resulta que hay que definir algo muy importante: “¿qué es la noche?”.

Bueno, pues al querer saberlo nos encontramos con el adverbio más importante en la vida del consultor: ¡Depende! Os preguntareis “¿De qué depende?”, y aunque sea un palo, os responderé “de según como se mire” (y no sigo porque con un par de palabras más debería pagar unos euretes a la esgae, y no tengo el bolsillo para ciertos dispendios).

La noche…, la noche en el ámbito de RRHH no es cuando se pone el sol, ni cuando te vas a dormir. Es un convenio y, como tal, puede variar entre comunidades autónomas, sectores e incluso a nivel empresa (y dentro de la empresa puede que a la pregunta no todos sepan que responderte).

Está bastante extendido el criterio de pagar ese plus por las horas trabajadas entre las 22 y las 6 (Estatuto Trabajadores, artículo 36.1), pero he visto de todo, naves en llamas más allá de Orión, nocturnidad definida entre las 21 y las 6 para algunos colectivos, no pagar por horas y pagar la jornada completa solo si se trabaja más del 50% en dicho intervalo (aunque el 36.1 establece 1/3 como la mínima duración para definir el horario como nocturno), en fin, que en algo que podría (¿debería, no?) ser tan sencillo no hay criterio único ni siquiera en la misma empresa.

De los festivos mejor ni hablamos, sobre todo si son “especiales”, como Navidad o Año Nuevo, y si los mezclamos con la nocturnidad ya ni te cuento. Porque a veces resulta que, si bien una jornada laboral es de 24 horas, en el caso de festivos especiales he visto rayos-C brillar cerca de las puertas de Tannhäuser y jornadas laborales de 36 horas. Que en este caso la definición va a favor del trabajador, pero, de nuevo, ¿por qué motivo cada empresa lo define de diferente forma?

No se vayan todavía, aún hay más. ¿Por qué en algunos convenios se considera “especial” el 6 de Enero y en otros no? Quien lo incluyó en el convenio, ¿creía en los Reyes Magos?, y si no está incluido ¿se trata de un convenio Papa Noel? Para acabar de liarla, si el 6 de Enero se define como especial solo para un colectivo de la empresa (y no, no me lo invento), ¿es debido a que solo esos empleados están capacitados para ayudar a los Reyes Magos a repartir juguetes? De nuevo, choca que no exista un criterio único en el sector, subsector o la misma empresa. Ni siquiera es un tema de agravios comparativos, sino que, echando mano de una frase hecha, “the simpler, the better”, o con uno de esos acrónimos que hay dando vueltas por la red, KISS (si queréis saber qué significa, Google es tu amigo).

Al cabo de un tiempo, cuando creía haberlo visto todo-todo-todo, un día de esos que mejor te quedas en la cama, me atreví a preguntar “¿Las guardias cómo las pagáis?”, y entonces me enteré que “depende” era el rey y señor, porque no era lo mismo si eran presenciales o localizables (bueeeeno), si tenías que presentarte en el centro de trabajo durante una guardia localizable (vaaaale), a veces se pagaba el desplazamiento, otras no (y no era por vivir cerca del centro de trabajo), el concepto podía depender del número de horas de guardia acumuladas en el año o de la edad del profesional (toma ya!).

Bromeando con algunos clientes, después de tan divertidas aventuras, mi comentario era “¡No, si un día me diréis que el cálculo es diferente si el tipo se apellida Martínez!”. Que risas, que risas, que…

Bueno, pues después de miles de sumas y restas, alguna que otra división, después de centenares de excepciones a pesar de ser empresas del mismo sector y subsector, algunas con convenios laborales de la misma comunidad autónoma y mismo referente laboral (en casos del sector público), después de haberlo visto todo y estar de vuelta de todo, ¡tate!, me han vuelto a sorprender.

Me han vuelto a sorprender porque, en mi último cliente, van y me dicen que las horas complementarias (esas que “no se pueden llamar como se llamaban antes” y que cada uno de vosotros habéis echado mano del diccionario de sinónimos pero nadie las llama igual), si son por suplencia, se pagan de forma diferente si, agárrate que vienen curvas, esa suplencia es ¡de alguien llamado Carmelo!

Al poner el punto final a este relato tomaré un vuelo solo de ida a Pernambuco. No me busquéis, estaré contando granos de arena en una de las playas de Recife y bebiendo Pituconha (de nuevo, Google es tu amigo). La otra opción era cortarme las venas, pero creo que he elegido sabiamente.

Redactado por {Gustau Santos}, {Director de Consultoría} de Global Planning Solutions